Durante años se instaló un relato cómodo: la Independencia de Chile habría nacido en Concepción, se habría consagrado en Santiago y Talca quedaba reducida a un mero escenario secundario. La evidencia documental, la cronología militar y el trabajo de historiadores como Jorge ValderramaCarlos Oliver Schneider y especialistas reunidos en la Universidad de Talca muestran otro cuadro: el 2 de febrero de 1818, Bernardo O’Higgins ratifica el Acta de Independencia desde su cuartel directorial en Talca y el 12 de febrero encabeza aquí la jura solemne con el Ejército del Sur, en paralelo a la proclamación civil que se realiza en Santiago.

Los registros del Archivo Nacional son categóricos: el Acta de Independencia se declara primero en Talcahuano y se firma en Concepción el 1 de enero, pero es ratificada en Talca el 2 de febrero y el 12 de febrero se firma el acta de juramento de la Independencia en la ciudad, con O’Higgins al mando de sus tropas. La historia oficial redujo esa secuencia a una nota al pie, pero los documentos están ahí, incómodos para algunos, obligando a reescribir la narrativa centralista.

Historiadores y archivos que apuntan a Talca

En 2015 y 2016, medios nacionales recogieron la controversia “¿Talca o Concepción?”, dando voz a historiadores de ambas veredas. En esas discusiones, investigadores como Jorge Valderrama, desde el Instituto de Estudios Humanísticos de la Universidad de Talca, y académicos de la Academia de Historia Militar recordaron que la Independencia no es un solo acto, sino un proceso con varias etapas, donde Talca tiene un rol decisivo.

La Biblioteca del Congreso Nacional y el Archivo Nacional Histórico confirman que el documento conocido como Acta de Independencia se elabora en Santiago, se firma inicialmente en Concepción y se aprueba y ratifica en Talca, desde el Cuartel Directorial de O’Higgins. Historiadores maulinos han insistido en este punto: Talca no es una anécdota geográfica, es el lugar donde el Director Supremo asume jurídicamente la ruptura con la monarquía española, rodeado por el Ejército del Sur y en plena campaña contra las fuerzas realistas..

El periodista e investigador Carlos Oliver Schneider, en el “Libro de Oro de Concepción” y en artículos históricos, defendió el protagonismo penquista apoyado en fuentes locales, pero sus propios trabajos reconocen que la proclamación posterior en Talca y Santiago completa el proceso. Otros historiadores, como Reinaldo Muñoz Olave, se enfocaron en la tradición de Concepción, mientras la discusión académica más reciente amplía el foco y revaloriza el circuito que incluye Talca como nodo inevitable.

El 12 de febrero: proclamación, juras y una ciudad en armas

El 12 de febrero de 1818 se convierte en la gran fecha de la Independencia, elegida por el primer aniversario de la batalla de Chacabuco. Ese día, en Santiago, Miguel Zañartu lee el acta frente a la Catedral y se realiza la jura oficial con Luis de la Cruz y José de San Martín, en una ceremonia civil y republicana. Pero el mismo 12 de febrero, según el propio Archivo Nacional, en Talca el Director Supremo Bernardo O’Higgins efectúa la “firma del acta de juramento de la Independencia de Chile” junto a las tropas que lo acompañan.

Cronistas y estudios posteriores describen a Talca como un cuartel general de facto, donde O’Higgins había pasado parte de su infancia y mantenía lazos familiares, lo que explica la decisión de establecer su base militar y política en la ciudad. Desde ahí, enfrenta el complejo escenario que pronto detonará en la derrota de Cancha Rayada y en la necesidad de sostener, a costo de sangre, la independencia recién proclamada.

La memoria histórica maulina conserva esa imagen: un O’Higgins rodeado de sus tropas, jurando la independencia no frente a un salón capitalino, sino en una ciudad de frontera política y militar, que pondría hombres, recursos y territorio al servicio del nuevo Estado

Cuando el 12 de febrero fue la fiesta nacional… y luego lo borraron

El papel de Talca se conecta directamente con otra historia eclipsada: la del propio calendario de las fiestas nacionales. Memoria Chilena y estudios sobre el Estado republicano muestran que en 1821, bajo el gobierno de O’Higgins, se estableció que la Independencia de Chile se conmemoraría los días 11, 12 y 13 de febrero, reforzando en la ley el peso simbólico del 12 de febrero como fecha fundacional.

En 1824, durante el gobierno de Ramón Freire, un nuevo decreto fijó que los únicos días festivos nacionales serían el 12 de febrero y el 18 de septiembre, dejando claro que una cosa era la independencia jurídica y otra el recuerdo de la Primera Junta Nacional de Gobierno. Más tarde, el 8 de febrero de 1837, el presidente Joaquín Prieto y su ministro Diego Portales reunieron todas las celebraciones nacionales en un solo día: el 18 de septiembre, suprimiendo de hecho la fiesta del 12 de febrero.

La ley 2977 de 1915 consolidó este giro, definiendo el 18 de septiembre como “conmemoración de la Independencia Nacional”, pese a que, en estricto rigor histórico, la Independencia se concretó el 12 de febrero de 1818. Investigaciones recientes recuerdan que lo que se celebra en Fiestas Patrias es el inicio del proceso político con la Primera Junta de Gobierno, mientras la proclamación efectiva de la separación de la Corona española se dio años después, en la secuencia Concepción–Talca–Santiago, con Talca en un lugar central.

Talca, protagonista borrada y memoria que se recupera

El debate “¿Concepción, Talca o Santiago?” sigue abierto en círculos académicos, pero una línea es clara: la Independencia de Chile no fue un acto único, ni un espectáculo capitalino, sino un proceso escalonado en el que Talca asume un protagonismo político y militar decisivo. La ratificación del acta el 2 de febrero en el cuartel directorial, la jura militar del 12 de febrero y el rol de la ciudad como base de operaciones hacen imposible contar la historia de la República sin pasar por esta ciudad maulina.

Hoy, cuando la historiografía revisa archivos, cartas, decretos y testimonios, el mapa de la Independencia se reconfigura y Talca vuelve a ocupar el lugar que los documentos y los hechos siempre le dieron. Recuperar esa memoria no es un gesto localista: es un acto de justicia histórica con una ciudad que sostuvo en su territorio la decisión más radical de la libertad patriota.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *